24.10.10

Corona Capital, parte 2: Interpol y Pixies



Estábamos todos extasiados. La presentación estuvo impecable, podías escuchar cada instrumento, con toda la emoción y virtuosismo que un buen músico sabe brindar. La voz de Paul, increíble, intensa y controlada.
El repertorio, completísimo: "NARC”, “Evil”, “PDA”, “C’mere”, “Mammoth”, “Stella was a diver…”, “Not Even Jail”, y pequeños tesoros no tan escuchados como “Untitled” y “Hands Away”. Muchas del Antics, que es, por cierto, mi álbum favorito de ellos. “Lights” (that’s why I hold you, dear…), “Barricade” y otras del nuevo disco también hicieron su aparición, en la dosis justa para disfrutar la nueva música entre intervalos de tracks ya conocidos y apreciados por todos. Los Interpoles se veían muy, muy contentos, especialmente Paul Banks, que entre canciones premiaba nuestra entrega y entusiasmo con su sonrisa de millón de dólares (“¿A poco no toco y canto bien chingón? Y encima estoy bien guapo, y lo saben…” - no lo decía, pero seguro lo pensaba).




Finalmente, agradecieron a todos por una gran noche, Paul grabó a la multitud con la cámara de su celular mientras sonreía, y, acto seguido, se fueron (por cierto, si alguien tiene curiosidad acerca del video que grabó, Paul lo publicó personalmente en las noticias del sitio web oficial de Interpol: http://www.interpolnyc.com/news ).
Los coros de “Interpol, Interpol” no se hicieron esperar y nos quedamos ahí, expectantes. Algunos se fueron, probablemente apurados por la urgencia de llegar a ver a los Pixies, cuyo show estaba a punto de comenzar; sin embargo, tristemente, fueron ellos quienes se perdieron la mejor parte. Regresaron con “Untitled” para el encore. Todos en la multitud gritaban: “¡Eslou jaaaans! ¡Eslooouuuu jaaaans!”, pero la siguiente fue “Leif Erikson”, seguida de “Obstacle 1”. La euforia y el entusiasmo era tal, que en una de esas voltee a ver a los tipos del sonido, y hasta ellos estaban súper emocionados medio bailoteando y cantando, como podían, los coros. La pura buena vibra. Y entonces, el momento esperado: los primeros acordes de “Slow Hands”, que desencadenaron el éxtasis total. We spies, we slow hands, put the weights all around yourself… Todos cantando, todos saltando hasta donde alcanzaba la vista, increíble. Creo que, a lo largo del concierto, todos experimentamos varios orgasmos auditivos. Por lo menos, yo estoy segura de que mi cerebro andaba empapado en endorfinas.


Con su perfecto español de pronunciación castellana y acento mexicano, Paul Banks agradeció a todos por la magnífica noche que compartimos con ellos y se despidió. “Vayan a ver a los Pixies” fueron sus últimas palabras. Y nosotros, incapaces de desobedecer una orden del mismísimo Paul, fuimos.

Los Pixies ya habían comenzado desde hacía un rato, y había muchísima gente ya. Todavía con el high de Interpol, decidimos sentarnos en el pasto a escucharlos “de lejitos”, pues ya no teníamos muchas fuerzas para luchar entre los empujones, y además (con el perdón de los fans de los Pixies, pues seguramente esto les sonará a blasfemia) después de escuchar las intrincadas melodías, limpieza técnica, elegantes acordes y sofisticadas letras de Interpol, para mí escuchar la música de los Pixies era como probar una gelatina de limón después de haber comido Crème Brûlee.

Yo sé que los Pixies son de los clásicos, y sus canciones son parte del soundtrack de toda una generación, pero yo necesito algo más que guitarrazos, gritos estridentes y “mucha actitud”. A eso mismo, súmenle un toque de virtuosismo y tienen a muchos de mis grupos favoritos: Tool, Muse, Pink Floyd, Soundgarden, Metallica. Digo, el punk y post punk son muy buenos, pero limitados. Como alguna vez dijo Adam Jones (guitarrista de Tool): además de ser creativo, necesitas dominar tu instrumento; de otra forma, podrás tener las mejores ideas musicales en tu cabeza, pero nunca podrán salir y cobrar vida tal y como las imaginas (en el mejor de los casos, estarán sujetas a la interpretación de alguien más). No soy de aquellos que defienden al extremo aquella idea de más complejo = mejor, pues la complejidad no es un fin en sí misma, y de hecho es más difícil hacer una cosa simple que aguante la prueba del tiempo. Lo que sí creo, es que las mejores cosas surgen cuando la creatividad se sirve del virtuosismo como instrumento.

Total, que sonaba “Here comes your man” mientras yo me relajaba en el pastito, viendo el cielo nocturno, y escuché “Where’s my mind” mientras me comía un burrito con salsa (lo cual me pareció muy poco sublime y/o glamoroso). Avalancha de éxitos, como dicen los Tacubos, uno tras otro, a pesar de las amenazas de que como traían disco nuevo tocarían casi exclusivamente canciones nuevas y desconocidas. Los disfruté mucho, fue un gran fondo musical para el relax y cerrar una gran velada.

Finalmente, la despedida. Muchos quedamos satisfechos, y muchos otros aún con más ganas de oír a los Pixies en sus próximas presentaciones en el Metropolitan. La salida fue a cuentagotas, pues la estúpida cantidad de gente tratando de salir y atravesándose hacía todo muy lento. Creo que todos íbamos cansados, pero contentos. Finalmente, los celulares volvieron a funcionar, y pudimos contactar a nuestros amigos: cena, plática y finalmente, un merecido descanso.

Al otro día, como siempre, el ritual de “revivamos el concierto”, poniendo las canciones que escuchamos la noche anterior, para mantener frescos los recuerdos. Y en eso sigo en estos momentos; no cabe duda que el Corona Capital valió cada peso de los 658 que no gasté, porque el boleto me salió gratis. Más festivales de estos, por favor…

Finalmente, Paul Banks debería de botar de una vez a Helena Christensen, y mudarse a vivir conmigo: ¡Habrá té y muffins, Paul! (¿Qué? ¿No es suficiente?).

2 comments:

  1. Perdón por el formato horrible, pero en esta computadora el editor del blogger me está haciendo la vida imposible. Más tarde lo compongo...

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