20.10.10

Corona Capital 2010: Parte 1


Qué mejor que poner en práctica todo lo que plasmé en mi último post, así como algunas otras cosas que aún me faltan por publicar. En fin, no puedo escribir una reseña del festival, pues llegué como a las cinco y media (no tenía el más mínimo interés en las otras bandas) y entonces sólo me tocó ver el final de la presentación de Regina Spektor, a los Echo & the Bunnymen, Interpol (a James no los vi pues estaba guardando lugar para Interpol) y los Pixies.

Así que, en pocas palabras, lo que relataré no es más que mi experiencia en el Corona Capital.

Lo primero que me sorprendió al llegar fue la fila kilométrica de gente comprando su boleto en taquilla (y yo me pregunto, ¿realmente representaba taaaanto esfuerzo comprarlo con anticipación?) En fin, hay gente a la que le gusta hacerse la vida más incómoda.

Los de seguridad no nos revisaron NADA. Vamos, ni una pasada con el detector de metales, lo cual me pareció curioso, ya que en mi bolsa podría haber llevado una granada de mano, un bebé robado (sedado para que no haga ruido) y todo tipo de estupefacientes y nadie se hubiera enterado, de modo que comprendí que la clave para que no te revisen es mirar fijamente a la gente de seguridad como pidiéndoles que lo hagan. Sin embargo, un amigo que llegó mucho más temprano que nosotros nos comentó que a su novia le confiscaron unas pequeñas pinzas que llevaba en su bolsa (no fuera a depilar a alguien hasta la muerte durante el concierto de los Pixies), de lo cual deduzco que en algún momento, tras revisar a treinta mil o cuarenta mil hipsters, los de seguridad de plano llegaron a los límites de su voluntad y claudicaron en su sagrado deber de confiscar pulseritas con estoperoles, botellas de agua y barritas de granola a los asistentes.

Había muchísima gente. Muchísima. Ahora me entero que eran cerca de 80,000 personas. Pooorrrr supuesto, la red no funcionaba y nadie tenía señal en su celular, yo creo que los muy dickheads la saturaron con sus twits y mensajes de “¿dónde estás?” (Aunque según leí por allí, hay teorías de conspiración de que los organizadores bloquearon la señal adrede, *¡oh!*).

Total que, al igual que muchas otras personas, nunca encontramos a nuestros amigos.

Paréntesis con amable comentario twittero:

Pues yo diría que más bien lleno de bandas que seguramente en unos diez años muy poca gente recordará, miles de chilangos con moda medio hipster región 4 (los emos, además de nunca haber sido cool, ya están completamente passé), un puñado de chicos y chicas muy bien vestidos y con aire de cooler than thou y mucha “gente normal”. Ah, y cientos de dickheads:


También estaba Waldo, lo encontré, y estaba medio ebrio:


Procedimos a sentarnos en el pastito pisoteado a escuchar tocar a Miss Regina Spektor : bonitas canciones, ella toda linda en el piano, y muchas niñas emocionadas gritando femeninamente y cantando las letras.

Luego, la presentación de Echo & the Bunnymen se desarrolló mientras el sol comenzaba a ocultarse. Escuché el set casi completo, aunque de lejitos. Me sorprendió lo bien que se oían (a pesar de que todo mundo ahora se queja de que el sonido era pésimo, bla-bla-bla), como que aquello de ser veteranos post-punk les sienta de maravilla. La camisa hecha como de chaquiras del guitarrista/bajista (no sé, estaba lejos) me cautivó, e Ian McCulloch nos brindó varios momentos graciosos con su “español” tullido y españoloso (aunque de repente, cuando hablaba en inglés, tampoco se le entendía nada). Fue toda una joya de momento el escuchar “The killing moon” en vivo, ya bajo el cielo negro de una noche recién desplegada.

Cerraron con “Lips like sugar”, tras lo cual decidimos movernos para “explorar un poco el terreno” para la presentación de Interpol, que era una hora más tarde en ese mismo escenario (Escenario Capital). El plan original era este: ver por dónde estaba menos abarrotado, y dónde podíamos meternos para estar cerca, y luego ir a ver a James al escenario Corona; después, a la mitad de la actuación de James nos salíamos y volvíamos al sitio que habíamos ubicado frente al escenario Capital. Sin embargo, al terminar Echo & The Bunnymen, hubo muchísima gente que se quedó frente a ese escenario, y encima llegaban más y más by the minute. Entonces no había opción: o nos quedábamos ahí y nos perdíamos a James, o nos iba a tocar lugar hassssta atrás para Interpol. Y ya que escuchar a Interpol constituía como el 80% de nuestra motivación para ir al Corona Capital, ni modo, a aguantarse.

Se ve que la actuación de James estuvo poca madre. A nosotros no nos quedaba más que mirar como bobos a la pantalla (bueno, cada quien hace las cosas como puede) y escuchar el poco sonido que nos llegaba, mientras Tim Booth se deshacía en el escenario y se trepaba a la valla de protección –sostenido por los fans- a cantar “She’s a Star”. Total, que cada que yo volteaba a ver la pantalla, algo espontáneo y emocionante estaba sucediendo en el escenario Corona: gente tocando la guitarra con baquetas, el violinista subido en lo alto del escenario, tocando, bailes frenéticos de Booth, ondeado de banderas a medio show... En fin, se veía que tanto los de James como la gran cantidad de gente que los escuchaba la estaban pasando de maravilla. Y mientras nosotros de pie y aplastados, viendo cómo arreglaban los instrumentos para Interpol. Qué padre. Total, que ya para culminar con su incansable actuación, los de James subieron al escenario a un montón de fans que se veía que estaban teniendo la noche de su vida ahí arriba.

Al fin salió Interpol, muy puntuales, y los empujones aumentaron terriblemente de intensidad. Por un momento me puse medio nerviosa, pensando “no manches, esto está peor que las veces de Metallica y Iron Maiden”. Un montón de gente que estaba ahí desde Echo se tuvo que salir, sofocados, bañados en sudor, y algunos de ellos de plano se veían alarmantemente al borde del desmayo. Mientras tanto, no faltaban los tipos que quieren abrirse paso hacia el frente a punta de codazos y meterse como dolor de muelas entre los asistentes.

Se oyó la voz de “¡Pinches nacos!” Y pues sí, los que empujaban y se metían en este caso eran, en efecto, unos pinches nacos (sin una pizca de civilidad ni respeto por los demás, pues), pero me hizo gracia voltear y ver que la autora de semejante comentario (expresado con un claro tonito fresa clasista) fuera una de aquellas mujeres menuditas, chaparritas y medio víctimas de la desnutrición infantil, convencidas de que con su piel blanca-para-méxico, morena-para-europa y sus pelos oxigenados color amarillo pollo, dan el tono internacional a donde quiera que van (y que, seguramente, podrían oír ese mismo comentario referido hacia gente como ellas proviniendo de otras arribistas más rubias, con mejor pinta y con más lana).

En fin, “Success” se escuchaba, con toda la elegancia de las guitarras de Interpol, y comenzaba la euforia. Gracias a mis poderes conciertopáticos, a lo largo de la presentación logramos trasladarnos desde nuestro lugar inicial (en el mero centro de la masa de gente, cerca del centro del escenario) hasta un cómodo lugar muy cerca del escenario, del lado del bajista, con aire fresco, muy buena visibilidad, y donde los empujones nos llegaban sólo de refilón. Ya para las últimas canciones (antes del encore) estábamos apenas a un par de metros de la valla de seguridad.

3 comments:

  1. Esperamos la continuación. Yo también llegué mas o menos a la misma hora (maldito estacionamiento) No fui por alguna banda en particular, pero me agradaron Foals, Interpol y Pixies.

    ¿Cuál es tu Twitter? :O

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  2. Hola, Serguei: ¿Qué crees? Soy un dinosaurio y no tengo Twitter, creo que ya tengo suficientes cosas en qué perder el tiempo. Además no tengo uno de esos celulares fancies que dan para enviar tweets y eso.

    Ya está la sengunda parte ;)

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