28.10.10

Manual Rocker Scientist, Parte dos

Revisión de seguridad

Averigua con anticipación si en el lugar donde se llevará a cabo el concierto permiten el uso de cámaras. Si es así, averigua qué tipo de cámaras están permitidas y cuáles no. Sin embargo, aunque las cámaras estén prohibidas, mucha gente logra pasar la suya a escondidas. Si durante la revisión de seguridad descubren tu cámara, hay lugares que disponen de un apartado donde puedes entregarla para luego recogerla al final del concierto, pero otros sólo te dan la opción de regresar a tu carro/casa a guardarla, o ser confiscada de forma definitiva. Depende de ti si decides arriesgarte.

Evita llevar cinturones, brazaletes o accesorios con estoperoles o hebillas grandes. Aunque a veces la seguridad es muy relajada al respecto, otras tantas se ponen muy estrictos, de modo que aunque las tres tachuelas de tu brazalete te parezcan completamente inofensivas, puede que a los de seguridad les parezca un peligro mortal para los asistentes, y no querrás que tu cinturón favorito o tu brazalete de la suerte terminen en un cubo de basura (so pena de negarte el acceso al concierto si no los abandonas ahí). En mi experiencia, he logrado pasar con accesorios de ese tipo gracias a una mezcla de suerte, apelar a la bondad del encargado de seguridad y un poco de encanto femenino, pero es mejor no correr riesgos.

Debido a que dentro del recinto por lo regular venden botanas y bebidas, no está permitido el ingreso con ellos, de modo que toma tus precauciones al respecto. Yo tengo la costumbre de llevar un gatorade y una barra de milky way o granola (algo energético) para la espera en la larga fila para entrar (cuando es de más de dos horas antes de que abran las puertas). De este modo, te mantienes hidratado y en buenas condiciones para resistir el concierto, sin mayor esfuerzo, con cosas rápidas y fáciles de comer en caso necesario.

Como nota adicional, ve al baño, si es posible, justo antes de entrar al recinto. Es más fácil si vas con amigos, pues ellos pueden guardar tu lugar en la fila. Tampoco tomes muchos líquidos mientras esperas. Sé que no debería siquiera mencionar esto, pues se sobreentiende, pero créanme que conozco gente de veintitantos que tienen la capacidad de planeación de un niño de cinco años en lo respectivo a sus necesidades fisiológicas.

Como último tip, lleva un paquete de chicles refrescantes del aliento, son un gran alivio para esos momentos en que la boca y la garganta se te secan de tanto cantar y gritar; además, he notado que mascar chicle cuando se siente una sed terrible, ayuda a mitigarla.

Durante el concierto

Lo que debes y no debes de hacer, o etiqueta de concierto

REGLA NÚMERO UNO DURANTE EL CONCIERTO: ¡NO EMPUJES!

(Sí, así, con mayúsculas, negritas y signos de exclamación)

Por el amor de Dios, no empujen, caray. Tratar de abrirte camino a empujones es la cosa más grosera e incivilizada, por no mencionar peligrosa. Imagínate a 400 trogloditas empujando en sincronía: el infierno. Siempre me he preguntado acerca del origen de los empujones, ya que sin duda el efecto que la mayoría sentimos no es más que la reacción en cadena provocada por “el empujón original”, que supongo que proviene de alguno de los anteriormente mencionados cavernícolas subdesarrollados con el afán de “colarse” o ver mejor que aquellos que se encuentra más cerca del escenario porque llegaron antes. Y como a toda acción corresponde una reacción, se traba una lucha por el territorio que puede durar horas.

Esto me lleva a hacer una breve anotación: no se te ocurra sentarte en el piso a esperar mientras todos a tu alrededor están de pie. Cuando menos te lo esperes, puede comenzar la locura de los empujones y la gente te puede pisar o caer encima (vi a una chica aprender esto a la mala, durante el concierto de Interpol en el Corona Capital).

Sé amable con todos, ya que además de hacer tu experiencia y la de los demás más agradable, puede incluso beneficiarte de forma inesperada. En el concierto de Emilie Autumn del 2009 (en el Circo Volador), uno de los de seguridad volteó a verme y yo le sonreí discretamente, sin ninguna otra intención que hacer una especie de saludo cortés hacia él (después de todo, estaríamos viéndonos las caras durante la siguiente hora y media, así que ¿por qué no?). Una vez comenzado el concierto, dicho guardia me llevaba todo lo que lanzaban desde el escenario y no llegaba a los fans: globos, un pedazo de la espada de Captain Maggot, bolsas de té, y además me advirtió con anticipación sobre el Rat Game (“Después de esta canción van a subir a una chica al escenario, mantente atenta”) y trató de llamar la atención junto con otros guardias para que Veronica Varlow me eligiera a mí (que finalmente no me eligió a mí, sin embargo no me fui con las manos vacías, como escribiré después al contar mis chocoaventuras de dicho concierto). No abogo porque seas lambiscón con el solo fin de conseguir cosas, simplemente toma en cuenta que no te cuesta nada ser amable y educado con tus semejantes, ya que ellos reaccionarán a tu actitud y todos la pasarán mejor.

Por favor, guarda la compostura. No estoy abogando por adoptar poses de hombre de mundo o mujer fatal a quienes nada los impresiona, sino por evitar desfiguros de fanático enloquecido que no dan más que miedo, pena ajena, o en el mejor de los casos, risa. Está bien que no te aguantes las ganas de cantar tus canciones favoritas, pero (¡por favor!) no te la pases cantando toooodo el repertorio a grito pelón, ya que más que mostrar tu fanatismo, sólo perturbarás a tus vecinos (a nadie le gusta tener a un tipo o tipa aullando junto, cual perro moribundo, mientras trata de disfrutar la canción). Además, piensa: en caso de que hicieras contacto con tu artista, ¿Te gustaría ser recordada como la loca histérica que berreaba al borde de las lágrimas cuando él o ella se acercaba? Desconozco el equivalente para hombres, pero aplica el mismo principio: está bien desinhibirse y gritar y cantar eufóricamente durante el concierto (para eso es), pero por favor, absténganse de hacer el ridículo y empañar la experiencia auditiva de los demás.

Nota adicional: los gritos agudísimos de mujer son sumamente desagradables y potencialmente dañinos si quien grita está cerca de tu oreja, así que es mejor evitarlos.

Sobre los celulares: Hasta ahora no he visto un celular cuya calidad de grabación de video y sonido en un concierto sea poco menos que espantosa, así que a menos que tengas una buena cámara y estés cerca del frente, mejor abstente. Sólo bloqueas la visión de quienes están detrás de ti. Si de plano mueres de ganas de inmortalizar el momento, aunque sea en medio de empujones y gritos, graba el par de canciones que más te interesan, Y YA. Igual aplica con las fotos, da lo mismo tener 5 que 150 fotos igual de borrosas y feas (“¡Mira! ¡Este monito borroso y pixelado hasta el punto de ser indistinguible de cualquier otra persona es Eddie Veder, lo juro!”).

Creo que esta caricatura de The Oatmeal resume muy bien el punto:


Por otro lado, pocas cosas son más patéticas que el espectáculo del tipo que paga varios cientos de pesos al comprar su boleto, sólo para ser “escoltado” fuera del recinto en calidad de bulto media hora antes de que el show comience, o de los tipos tan pachecos que no pueden sostener la mirada ni levantarse del lugar donde se sentaron, mucho menos valerse por sí mismos cuando comiencen los empujones. Moderación, jóvenes, moderación. Personalmente, ya que la cerveza es diurética, yo prefiero evitarla del todo y así no verme en la penosa situación de sentir el impulso de ir al baño cuando el show ya va a empezar, o cuando ya tienes como a 500 personas apelmazadas en la pista detrás de ti.

Finalmente, la nota de seguridad: Si estás hasta el frente o en las orillas, pegado a la valla, y esta tiene aberturas, no se te ocurra meter brazos o piernas en ella, a menos que quieras que la próxima oleada de gente te haga el favor de dislocártelos (alguna vez me tocó ver a alguien a quien le hubiera pasado esto, si no fuera por una rápida intervención de los de seguridad).

Si comienzas a sofocarte, a sentir que te falta el aire, o muchas náuseas, cuidado, puedes desmayarte. Es normal sentir cierto grado de malestar y sofoco al estar apretujado entre la multitud, pero tú sabrás distinguir cuándo dicho malestar cruza el umbral de lo tolerable y comienza a volverse alarmante, en cuyo caso, no dudes en pedirles a tus amigos o a los de seguridad que te ayuden a salir de ahí. Si vas solo, pídele a la gente que te rodea que te ayude a llamar la atención de los de seguridad para que te saquen, no van a rehusarse si ven que te sientes mal. Tu salud y bienestar es primero, es mejor salir antes que arriesgarse a que haya consecuencias más graves que perderte una parte del recital (o tener que verlo desde atrás, en caso de que te recuperes y puedas volver a la pista).

24.10.10

Corona Capital, parte 2: Interpol y Pixies



Estábamos todos extasiados. La presentación estuvo impecable, podías escuchar cada instrumento, con toda la emoción y virtuosismo que un buen músico sabe brindar. La voz de Paul, increíble, intensa y controlada.
El repertorio, completísimo: "NARC”, “Evil”, “PDA”, “C’mere”, “Mammoth”, “Stella was a diver…”, “Not Even Jail”, y pequeños tesoros no tan escuchados como “Untitled” y “Hands Away”. Muchas del Antics, que es, por cierto, mi álbum favorito de ellos. “Lights” (that’s why I hold you, dear…), “Barricade” y otras del nuevo disco también hicieron su aparición, en la dosis justa para disfrutar la nueva música entre intervalos de tracks ya conocidos y apreciados por todos. Los Interpoles se veían muy, muy contentos, especialmente Paul Banks, que entre canciones premiaba nuestra entrega y entusiasmo con su sonrisa de millón de dólares (“¿A poco no toco y canto bien chingón? Y encima estoy bien guapo, y lo saben…” - no lo decía, pero seguro lo pensaba).




Finalmente, agradecieron a todos por una gran noche, Paul grabó a la multitud con la cámara de su celular mientras sonreía, y, acto seguido, se fueron (por cierto, si alguien tiene curiosidad acerca del video que grabó, Paul lo publicó personalmente en las noticias del sitio web oficial de Interpol: http://www.interpolnyc.com/news ).
Los coros de “Interpol, Interpol” no se hicieron esperar y nos quedamos ahí, expectantes. Algunos se fueron, probablemente apurados por la urgencia de llegar a ver a los Pixies, cuyo show estaba a punto de comenzar; sin embargo, tristemente, fueron ellos quienes se perdieron la mejor parte. Regresaron con “Untitled” para el encore. Todos en la multitud gritaban: “¡Eslou jaaaans! ¡Eslooouuuu jaaaans!”, pero la siguiente fue “Leif Erikson”, seguida de “Obstacle 1”. La euforia y el entusiasmo era tal, que en una de esas voltee a ver a los tipos del sonido, y hasta ellos estaban súper emocionados medio bailoteando y cantando, como podían, los coros. La pura buena vibra. Y entonces, el momento esperado: los primeros acordes de “Slow Hands”, que desencadenaron el éxtasis total. We spies, we slow hands, put the weights all around yourself… Todos cantando, todos saltando hasta donde alcanzaba la vista, increíble. Creo que, a lo largo del concierto, todos experimentamos varios orgasmos auditivos. Por lo menos, yo estoy segura de que mi cerebro andaba empapado en endorfinas.


Con su perfecto español de pronunciación castellana y acento mexicano, Paul Banks agradeció a todos por la magnífica noche que compartimos con ellos y se despidió. “Vayan a ver a los Pixies” fueron sus últimas palabras. Y nosotros, incapaces de desobedecer una orden del mismísimo Paul, fuimos.

Los Pixies ya habían comenzado desde hacía un rato, y había muchísima gente ya. Todavía con el high de Interpol, decidimos sentarnos en el pasto a escucharlos “de lejitos”, pues ya no teníamos muchas fuerzas para luchar entre los empujones, y además (con el perdón de los fans de los Pixies, pues seguramente esto les sonará a blasfemia) después de escuchar las intrincadas melodías, limpieza técnica, elegantes acordes y sofisticadas letras de Interpol, para mí escuchar la música de los Pixies era como probar una gelatina de limón después de haber comido Crème Brûlee.

Yo sé que los Pixies son de los clásicos, y sus canciones son parte del soundtrack de toda una generación, pero yo necesito algo más que guitarrazos, gritos estridentes y “mucha actitud”. A eso mismo, súmenle un toque de virtuosismo y tienen a muchos de mis grupos favoritos: Tool, Muse, Pink Floyd, Soundgarden, Metallica. Digo, el punk y post punk son muy buenos, pero limitados. Como alguna vez dijo Adam Jones (guitarrista de Tool): además de ser creativo, necesitas dominar tu instrumento; de otra forma, podrás tener las mejores ideas musicales en tu cabeza, pero nunca podrán salir y cobrar vida tal y como las imaginas (en el mejor de los casos, estarán sujetas a la interpretación de alguien más). No soy de aquellos que defienden al extremo aquella idea de más complejo = mejor, pues la complejidad no es un fin en sí misma, y de hecho es más difícil hacer una cosa simple que aguante la prueba del tiempo. Lo que sí creo, es que las mejores cosas surgen cuando la creatividad se sirve del virtuosismo como instrumento.

Total, que sonaba “Here comes your man” mientras yo me relajaba en el pastito, viendo el cielo nocturno, y escuché “Where’s my mind” mientras me comía un burrito con salsa (lo cual me pareció muy poco sublime y/o glamoroso). Avalancha de éxitos, como dicen los Tacubos, uno tras otro, a pesar de las amenazas de que como traían disco nuevo tocarían casi exclusivamente canciones nuevas y desconocidas. Los disfruté mucho, fue un gran fondo musical para el relax y cerrar una gran velada.

Finalmente, la despedida. Muchos quedamos satisfechos, y muchos otros aún con más ganas de oír a los Pixies en sus próximas presentaciones en el Metropolitan. La salida fue a cuentagotas, pues la estúpida cantidad de gente tratando de salir y atravesándose hacía todo muy lento. Creo que todos íbamos cansados, pero contentos. Finalmente, los celulares volvieron a funcionar, y pudimos contactar a nuestros amigos: cena, plática y finalmente, un merecido descanso.

Al otro día, como siempre, el ritual de “revivamos el concierto”, poniendo las canciones que escuchamos la noche anterior, para mantener frescos los recuerdos. Y en eso sigo en estos momentos; no cabe duda que el Corona Capital valió cada peso de los 658 que no gasté, porque el boleto me salió gratis. Más festivales de estos, por favor…

Finalmente, Paul Banks debería de botar de una vez a Helena Christensen, y mudarse a vivir conmigo: ¡Habrá té y muffins, Paul! (¿Qué? ¿No es suficiente?).

20.10.10

Corona Capital 2010: Parte 1


Qué mejor que poner en práctica todo lo que plasmé en mi último post, así como algunas otras cosas que aún me faltan por publicar. En fin, no puedo escribir una reseña del festival, pues llegué como a las cinco y media (no tenía el más mínimo interés en las otras bandas) y entonces sólo me tocó ver el final de la presentación de Regina Spektor, a los Echo & the Bunnymen, Interpol (a James no los vi pues estaba guardando lugar para Interpol) y los Pixies.

Así que, en pocas palabras, lo que relataré no es más que mi experiencia en el Corona Capital.

Lo primero que me sorprendió al llegar fue la fila kilométrica de gente comprando su boleto en taquilla (y yo me pregunto, ¿realmente representaba taaaanto esfuerzo comprarlo con anticipación?) En fin, hay gente a la que le gusta hacerse la vida más incómoda.

Los de seguridad no nos revisaron NADA. Vamos, ni una pasada con el detector de metales, lo cual me pareció curioso, ya que en mi bolsa podría haber llevado una granada de mano, un bebé robado (sedado para que no haga ruido) y todo tipo de estupefacientes y nadie se hubiera enterado, de modo que comprendí que la clave para que no te revisen es mirar fijamente a la gente de seguridad como pidiéndoles que lo hagan. Sin embargo, un amigo que llegó mucho más temprano que nosotros nos comentó que a su novia le confiscaron unas pequeñas pinzas que llevaba en su bolsa (no fuera a depilar a alguien hasta la muerte durante el concierto de los Pixies), de lo cual deduzco que en algún momento, tras revisar a treinta mil o cuarenta mil hipsters, los de seguridad de plano llegaron a los límites de su voluntad y claudicaron en su sagrado deber de confiscar pulseritas con estoperoles, botellas de agua y barritas de granola a los asistentes.

Había muchísima gente. Muchísima. Ahora me entero que eran cerca de 80,000 personas. Pooorrrr supuesto, la red no funcionaba y nadie tenía señal en su celular, yo creo que los muy dickheads la saturaron con sus twits y mensajes de “¿dónde estás?” (Aunque según leí por allí, hay teorías de conspiración de que los organizadores bloquearon la señal adrede, *¡oh!*).

Total que, al igual que muchas otras personas, nunca encontramos a nuestros amigos.

Paréntesis con amable comentario twittero:

Pues yo diría que más bien lleno de bandas que seguramente en unos diez años muy poca gente recordará, miles de chilangos con moda medio hipster región 4 (los emos, además de nunca haber sido cool, ya están completamente passé), un puñado de chicos y chicas muy bien vestidos y con aire de cooler than thou y mucha “gente normal”. Ah, y cientos de dickheads:


También estaba Waldo, lo encontré, y estaba medio ebrio:


Procedimos a sentarnos en el pastito pisoteado a escuchar tocar a Miss Regina Spektor : bonitas canciones, ella toda linda en el piano, y muchas niñas emocionadas gritando femeninamente y cantando las letras.

Luego, la presentación de Echo & the Bunnymen se desarrolló mientras el sol comenzaba a ocultarse. Escuché el set casi completo, aunque de lejitos. Me sorprendió lo bien que se oían (a pesar de que todo mundo ahora se queja de que el sonido era pésimo, bla-bla-bla), como que aquello de ser veteranos post-punk les sienta de maravilla. La camisa hecha como de chaquiras del guitarrista/bajista (no sé, estaba lejos) me cautivó, e Ian McCulloch nos brindó varios momentos graciosos con su “español” tullido y españoloso (aunque de repente, cuando hablaba en inglés, tampoco se le entendía nada). Fue toda una joya de momento el escuchar “The killing moon” en vivo, ya bajo el cielo negro de una noche recién desplegada.

Cerraron con “Lips like sugar”, tras lo cual decidimos movernos para “explorar un poco el terreno” para la presentación de Interpol, que era una hora más tarde en ese mismo escenario (Escenario Capital). El plan original era este: ver por dónde estaba menos abarrotado, y dónde podíamos meternos para estar cerca, y luego ir a ver a James al escenario Corona; después, a la mitad de la actuación de James nos salíamos y volvíamos al sitio que habíamos ubicado frente al escenario Capital. Sin embargo, al terminar Echo & The Bunnymen, hubo muchísima gente que se quedó frente a ese escenario, y encima llegaban más y más by the minute. Entonces no había opción: o nos quedábamos ahí y nos perdíamos a James, o nos iba a tocar lugar hassssta atrás para Interpol. Y ya que escuchar a Interpol constituía como el 80% de nuestra motivación para ir al Corona Capital, ni modo, a aguantarse.

Se ve que la actuación de James estuvo poca madre. A nosotros no nos quedaba más que mirar como bobos a la pantalla (bueno, cada quien hace las cosas como puede) y escuchar el poco sonido que nos llegaba, mientras Tim Booth se deshacía en el escenario y se trepaba a la valla de protección –sostenido por los fans- a cantar “She’s a Star”. Total, que cada que yo volteaba a ver la pantalla, algo espontáneo y emocionante estaba sucediendo en el escenario Corona: gente tocando la guitarra con baquetas, el violinista subido en lo alto del escenario, tocando, bailes frenéticos de Booth, ondeado de banderas a medio show... En fin, se veía que tanto los de James como la gran cantidad de gente que los escuchaba la estaban pasando de maravilla. Y mientras nosotros de pie y aplastados, viendo cómo arreglaban los instrumentos para Interpol. Qué padre. Total, que ya para culminar con su incansable actuación, los de James subieron al escenario a un montón de fans que se veía que estaban teniendo la noche de su vida ahí arriba.

Al fin salió Interpol, muy puntuales, y los empujones aumentaron terriblemente de intensidad. Por un momento me puse medio nerviosa, pensando “no manches, esto está peor que las veces de Metallica y Iron Maiden”. Un montón de gente que estaba ahí desde Echo se tuvo que salir, sofocados, bañados en sudor, y algunos de ellos de plano se veían alarmantemente al borde del desmayo. Mientras tanto, no faltaban los tipos que quieren abrirse paso hacia el frente a punta de codazos y meterse como dolor de muelas entre los asistentes.

Se oyó la voz de “¡Pinches nacos!” Y pues sí, los que empujaban y se metían en este caso eran, en efecto, unos pinches nacos (sin una pizca de civilidad ni respeto por los demás, pues), pero me hizo gracia voltear y ver que la autora de semejante comentario (expresado con un claro tonito fresa clasista) fuera una de aquellas mujeres menuditas, chaparritas y medio víctimas de la desnutrición infantil, convencidas de que con su piel blanca-para-méxico, morena-para-europa y sus pelos oxigenados color amarillo pollo, dan el tono internacional a donde quiera que van (y que, seguramente, podrían oír ese mismo comentario referido hacia gente como ellas proviniendo de otras arribistas más rubias, con mejor pinta y con más lana).

En fin, “Success” se escuchaba, con toda la elegancia de las guitarras de Interpol, y comenzaba la euforia. Gracias a mis poderes conciertopáticos, a lo largo de la presentación logramos trasladarnos desde nuestro lugar inicial (en el mero centro de la masa de gente, cerca del centro del escenario) hasta un cómodo lugar muy cerca del escenario, del lado del bajista, con aire fresco, muy buena visibilidad, y donde los empujones nos llegaban sólo de refilón. Ya para las últimas canciones (antes del encore) estábamos apenas a un par de metros de la valla de seguridad.

10.9.10

School of Rock


Hay cosas en la vida sin las cuales no puedo vivir. O bueno, sí puedo, pero no quiero dejarlas: son mi droga y mi medicina. Entre ellas están el té (verde, blanco o negro), mis libros y películas favoritas, mi (creciente) colección de medias y mallas de todos colores, texturas y patrones, mi carpeta de modas, y la más primordial de todas: el Rock.

Después una larga sequía respecto a una de mis actividades favoritas, que es rockear, al fin tengo un par de conciertos en puerta, con boleto en mano y todo: el festival Corona Capital (con Pixies, Interpol, James y muchos más), y el show de Emilie Autumn (¡una vez más!) en noviembre.


El otro día estaba meditando sobre el hecho de que debería de hacer una mini-guía con todo lo que he aprendido sobre el arte de ir a conciertos de rock, los cuales han sido hasta ahora:

Audioslave (2005)
Pearl Jam (2005)
Chris Cornell (2007)
Iron Maiden (2008 y 2009)
Judas Priest (2008)
Opera Rock – Dr. Frankenstein (2009)
Metallica (2009)
Emilie Autumn (2009 y 2010)

No estoy clamando ser toda una veterana con harta experiencia en estos asuntos, sin embargo, sé lo que es ir a tu primer concierto y no tener mucha idea de qué esperar, ni de qué es lo que se debe hacer antes, durante y después del concierto para optimizar tu preciada experiencia de euforia musical. A pesar de que la lista de eventos a la que he asistido no es tan larga, definitivamente tengo un par de consejos útiles qué compartir al respecto, pequeños pedacitos de experiencia y mañas que he ido colectando por aquí y por allá. Confío en que los que apenas comienzan, o los vírgenes en materia conciertil, encontrarán esta información muy valiosa (o, por lo menos, a mí me hubiera gustado leer algo así cuando empecé), mientras que aquellos más experimentados seguramente podrán rescatar un tip o dos para agregarlo a su rutina.

De este modo y sin más preámbulo, doy comienzo a:

El Manual Rocker-Scientist de Dámaris

Capítulo 1: Antes del concierto

Punto número uno: no vas a poder ir al concierto que te interesa si no te enteras con anticipación.

Para evitar formar parte de aquella desafortunada especie de fans que se da golpes contra la pared porque su artista vino y ellos no se enteraron, es necesario que -de vez en cuando- te des una vuelta por los sitios web de tu rocker favorito. La existencia de los sitios oficiales (a excepción de los Myspaces) por lo general es casi simbólica: son páginas obsoletas, austeras y descuidadas que raramente se actualizan. Es mucho más recomendable checar de vez en cuando alguno de los fansites más grandes y mejor establecidos, que son actualizados constantemente con noticias de interés. Ahora que si te da flojera mantenerte al tanto de cada una de las bandas o rockers que te interesan, puedes checar alguno de esos sitios que hacen recopilaciones de todos los eventos de los próximos meses, como OidosSordos (en México). Finalmente, puedes obtener información platicando con amigos o conocidos que compartan tus gustos musicales.

Boletos

Los boletos por lo general son caros, de modo que mientras más temprano te enteres, mejor, pues tendrás tiempo suficiente para ahorrar. En estos tiempos, es difícil que encuentres boletos por menos de 350-400 pesos, y eso sin cargos extras. Las leyendas vivientes (Roger Waters, The Rolling Stones), los sobrevalorados pop (*cof* U2 *cof*) y las mega-bandas con gran poder de convocatoria (Radiohead, Metallica) usualmente se dan el lujo de cobrar cerca de 1000 pesos por los boletos más chinches para su show (y siempre hay quien los compre). Sin embargo, siempre hay forma de conseguir boletos por menos, o incluso gratis. Obviamente toma tiempo y esfuerzo, pero vale la pena: durante las semanas (o incluso meses) antes del concierto, estaciones de radio, sitios oficiales, o incluso los organizadores del evento (como es el caso de los conciertos en el Circo Volador) hacen concursos y trivias para ganar boletos gratis, o incluso pases backstage para conocer a tu artista. Así que mantén los ojos (y los oídos) abiertos, ya que algo puede aparecer.

Otro asunto a considerar es la cercanía de tu lugar al escenario. Cuando compras boletos de pista (o admisión general), tienes la posibilidad de estar más cerca del escenario de lo que estarías comprando boletos numerados; sin embargo, debes tener en cuenta que pista también significa “de pie y aplastados” durante horas y horas. Escoge de acuerdo a tu preferencia y/o posibilidades. Personalmente, yo siempre prefiero conseguir boletos de pista, pues me gusta ver los conciertos lo más cerca posible al escenario. Alguna vez (cuando Pearl Jam) intenté comprando boletos de los de asientos numerados que están más arriba, y simplemente no es lo mismo: todo es más emocionante allá abajo, a pesar del cansancio y los empujones.

Siempre es bueno estar pendiente de las fechas de venta y preventa, pues no es raro que los boletos de las bandas populares se agoten en unos cuantos días (o a veces, como en el caso de Metallica, en un par de horas). Así que toma tus precauciones: si en ticketmaster dice que la preventa comienza el martes a las 11:00 de la mañana, no se te ocurra salir a comprar leche al supermercado a las 10:45, pues cuando regreses puede que los boletos que querías ya se hayan agotado (true story, Metallica 2009, concierto del sábado- y no, no fui yo la que cometió semejante error de logística). Los mejores boletos son los que se venden más rápido, no caigas en el error de pensar que como son tan caros tardarán más en salir. Tampoco te hará daño investigar con anticipación el sistema de compra, para evitar sorpresas al momento de la verdad.

Compañía y vestimenta.

¿Vas a ir solo o acompañado? Ir acompañado de tus amigos y/o pareja puede mejorar tu experiencia del concierto, sobre todo mientras esperas a que comience, al compartir comentarios entre canciones, o al regresar a casa teniendo con quién platicar toooodo lo que quieras sobre tu recién adquirida experiencia. Sin embargo, ir solo no tiene por qué ser aburrido, y es una oportunidad perfecta para conocer gente con gustos en común (después de todo, vienen a ver a la misma banda, ¿no?). La fila de espera para entrar es un buen lugar para entablar conversación con tus vecinos y pasar el tiempo de manera más agradable.

En todos los conciertos a los que he ido, en la sección de pista nunca faltan las chicas con minifalda y tacones de 10 centímetros. Tomando en cuenta que vas a estar de pie (o a veces sentado en el suelo) durante mínimo dos o tres horas, rodeada de gente que está invadiendo -y por mucho- tu espacio personal, tal grado de masoquismo me parece inconcebible (de todos modos, entre la multitud ni se te van a ver las piernas, so why bother?). Es importante ir con ropa y zapatos cómodos (lo cual no es sinónimo de verse fodongo, se le puede añadir algo de estilo con pensarle un poco). No lleves vestimentas demasiado elaboradas o frágiles pues, a menos que los asientos sean numerados, se van a aplastar y destruir, o te vas a estar atorando todo el tiempo con otros asistentes (esto pasa, por ejemplo, con la ropa de red). Los sombreros son una pésima idea. La mayoría de las personas deciden ir con la playera de la banda (o de bandas de estilo similar) y jeans. Es como el uniforme oficial de los conciertos, cómodo y funcional. Sin embargo, si lo que quieres es destacar, usa lo que sea menos eso. Es más, si quieres destacar entre la multitud en un concierto de rock (especialmente de metal), ve de blanco. Yo fui de blanco tanto a Audioslave como a Chris Cornell y era lá única vestida de ese color entre un mar de playeras negras, al menos hasta donde alcanzaba a ver. Era increíble, de verdad. Otros colores improbables: rosa, naranja, amarillo.


¿A qué hora llegar? ¿Cómo lograr estar en primera fila, o estar hasta el frente?

La regla general de sentido común es que, mientras más temprano llegues, tendrás la oportunidad de estar más cerca del escenario. Hay fans super hardcore que llegan 8, 12 o hasta 24 horas (¡o más!) antes de la hora a la que abren las puertas del recinto, para asegurar su lugar en primerísima fila. En mi experiencia, el llegar ridículamente temprano a los conciertos (sobre todo a los que no son tan grandes) es completamente innecesario para conseguir un buen lugar: estuve en primera fila para Chris Cornell, así como las dos veces que fui a ver a Emilie Autumn, llegando 3 horas y 2 horas y media antes de que abrieran las puertas; y sí, cuando llegué ya había una larga fila de personas formadas desde quién sabe qué hora (en el Circo Volador me tocó la ficha no. 120), y aún así lo logré. Para conciertos asquerosamente masivos, como Metallica, bastó llegar tres horas y media antes para finalmente encontrar buenos lugares muy cerca del escenario.

Algunas personas disfrutan hacer reuniones de fans mientras apartan su lugar desde muy temprano, y hasta llevan comida y todo. A mí me parece sumamente incómodo el estar más de 5 horas sentada en la calle, comiendo comida chatarra y teniendo que buscar dónde ir al baño cada que sea necesario: No, gracias. Además, querrás sentirte bien y con energía para el concierto, en vez de ser uno de los que sacan trágicamente desmayados o sofocados a la mitad (o peor aún, antes de que empiece el concierto, que también me ha tocado verlo) por no haber comido bien o por haber pasado 12 horas insolándote o mojándote con la lluvia y alternando entre estar de pie o sentado en el pavimento duro.

Suena tonto, pero es buena idea asegurarte de que te estás formando del lado donde se encuentra la puerta de acceso al interior del lugar. No te fíes al ver gente formada: mejor pregunta a alguien que pertenezca al staff del lugar cuál será la puerta (o puertas) que abrirán (busca a alguien con walkie-talkies o distintivos). Puedes llevarte una desagradable sorpresa cuando abran la puerta en el lado opuesto a donde estás y todos aquellos que llegaron después de ti entren primero, por estar más próximos a la entrada (esto nunca me ha sucedido, pero he sabido de gente a quien sí le ha pasado).

Mantente alerta. Aunque las cosas lleven un orden, a veces el caos se termina imponiendo y puedes aprovechar para entrar antes de lo que te correspondería. Sin embargo, si ves que todos están respetando el orden, no te pongas pesado ni trates de meterte en la fila o tomar “atajos”: sé civilizado y espera pacientemente tu turno.

Una cosa que me parece curiosa, es que en cuanto abren las puertas del recinto y la gente corre a ocupar su lugar, la mayoría tiende a apelotonarse en el centro del escenario, dejando las orillas desatendidas. Ese fenómeno, mi amigo, es tu oportunidad para conseguir un lugar en primera fila, ya que te garantizo que tendrás mucho mejor visibilidad en primera fila aunque estés de lado, que teniendo que esquivar la cabezas de una, dos o tres personas enfrente de ti, estando en el centro del escenario. Además, durante el concierto los músicos tienden a pasearse por todo el escenario, así que tarde o temprano tendrás a tu rocker favorito frente a ti. Incluso, previo al concierto, puedes investigar la configuración usual adoptada por tu banda viendo videos de conciertos anteriores, y así elegir de qué lado prefieres estar (por ejemplo, mi integrante favorito de Tool es Adam Jones y sé que siempre toca del lado izquierdo del escenario). Si eres como yo, y te encanta la idea de interactuar con tu artista, y quieres aumentar tu probabilidad de hacer contacto ya sea visual o físico con él, primera fila es la opción. Más allá, ellos ya no ven la cara de la gente, por lo oscuro y lo apretado (a menos que sean asientos numerados, claro está, o que la valla de seguridad esté lejísimos de escenario, como pasa en los conciertos masivos).

[...]
Continuará...


________________

¿Qué les parece? ¿Están de acuerdo o desacuerdo con mis tips? ¿Tienen algo que deseen agregar o que en su experiencia funcione mejor? ¿Algún otro consejo que quieran compartir?

Soy toda oídos (y los míos no son sordos)...

¡Saludos!

11.8.10

Productos Milagrosos - Reloaded

Estos últimos meses de adoptado el decadente pasatiempo de ver infomerciales para luego burlarme de las sandeces y barbaridades expuestas en las “explicaciones científicas” detrás del supuesto mecanismo de acción de los productos, todos ellos tomando ventaja de la ignorancia general y del desinterés de la mayoría de los mexicanos por la información médica y científica más básica, así como de la desesperación de los que se encuentran en verdad enfermos y el deseo intrínseco de todo ser humano de obtener beneficios sin esforzarse para alcanzarlos.

Parece que el nicho de complementos alimenticios que se promocionan como medicamentos nunca desaparecerá, y volvemos al mismo punto de mi antiguo post (en mi blog anterior) sobre productos milagrosos: los complementos alimenticios NO son medicamentos. La buena alimentación posee beneficios más que nada preventivos (o en el mejor de los casos, puede mejorar la calidad de vida del paciente durante su enfermedad), pero no te va a curar de una enfermedad degenerativa ya desarrollada. Ejemplo: el tomar al menos una taza de té verde cada día durante años puede amortiguar el daño ocasionado por radicales libres, previniendo errores y fallas moleculares que pueden dar lugar al desarrollo de cáncer. Sin embargo, si ya tienes un tumor producto de estas fallas, el que tomes un litro de té verde al día no va a hacer ninguna diferencia, pues el evento que podría prevenir ya sucedió, ¿me explico?

Ah, pero no: ahí tenemos al Investigador Bioquímico del infomercial de Malunggay, descubriendo el hilo negro al decirle con aire vanguardista a Alfredo Adame que los aminoácidos, ya que forman parte de las proteínas, son indispensables para la vida, y que lo que hace único a Malunggay es que contiene ¡TODOS LOS AMINOÁCIDOS! Incluso los esenciales, que no produce el organismo, así que debes de tomar dicho suplemento alimenticio para tener una nutrición completa (lo cual de alguna manera misteriosa te curará de cáncer, diabetes, hipertensión, etc). Eso, o puedes incorporar carne, huevos, lácteos o soya a tu dieta para obtener el mismo resultado y ahorrarte los 600 pesos que cuesta el Malunggay. Además, cabe destacar que el Investigador Bioquímico del comercial aumenta su credibilidad al mostrar que es una persona multi talentos, pues en su tiempo libre (cuando no está publicando en Nature o Science) es actor de comerciales, como el de las gotas de ojos Devlin.

En el sitio web de CV Directo dice que Malunggay tiene “siete veces más vitamina C que las naranjas, tres veces más hierro que las espinacas, cuatro veces más calcio que la leche y tres veces más potasio que los plátanos”; les tengo noticias: el cuerpo humano sólo puede asimilar una cantidad limitada de vitaminas y minerales, desechando el resto, de forma que los beneficios no son aditivos ni proporcionales. Dicho de otro modo: no vas a estar más saludable mientras más vitaminas tomes, hay un límite donde éstas ya no son asimiladas por el cuerpo (y una dieta balanceada es suficiente para obtener lo necesario), así que parafraseando a Sheldon Cooper, sólo están comprando los ingredientes para hacer orina muy cara.

Otro caso es el del hongo milagroso Charakani, patrocinado por el renombrado doctor Jaime Rodríguez Merlos, toda una eminencia, tan prestigioso que al googlear su nombre no aparecen más que un par de páginas medio olvidadas que hablan de su nuevo proyecto con el complemento alimenticio de Charakani, sin más registros de actividad científica que respalde su producto. No pruebas clínicas, no artículos científicos, ni publicaciones, ni ningún otro tipo de información relacionada. Vamos, que ni su Currículum Vitae está disponible. ¿Por qué? Pues porque además de que les puedo apostar lo que quieran a que no tienen las pruebas científicas para respaldar todo lo que claman que su producto hecho a base de hongo milagroso hace, el Charakani es un complemento alimenticio, no un medicamento que combate el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas , y en general todos los problemas de salud del universo, como se anuncia en su página web:

Charakani - Productos Inova


“Aunque aquí está la evidencia de que nuestro producto funciona, la ponemos en chiquito para que no se pueda leer”.


Otros productos confían plenamente en la falta de fuerza de voluntad, disciplina y deseo de cambio de la población. ¿Cuántos productos no hemos visto ya, que te garantizan bajar de peso sin hacer absolutamente nada? Y el deseo de creer que algo semejante existe es tan grande, que estamos dispuestos a creer que el caminar diez minutos diarios con unos tenis chuecos (sí, FitnessStep, esto hablando de tí) nos va a hacer seguir una metamorfosis semejante a la de la gorda del video de “Ni tú ni nadie” de Moenia.



Otros de plano tienen inconsistencias lógicas de raíz, como el caso del tratamiento contra las várices Livariz.
Premisas:
1) Otras cremas para las várices son ineficaces pues al aplicarlas no penetran “hasta las várices” y entonces no se recibe el beneficio.
2) Livariz, a diferencia de las cremas convencionales, tiene una revolucionaria tecnología de spray (y hacen énfasis en esto) que permite que el producto penetre hasta las venas.

Ergo, el producto funciona porque el spray le permite penetrar hasta las venas. Sin embargo, al comprar el spray, te regalan una crema que, a pesar de que no tiene el spray que tanto promocionan, “es capaz de penetrar hasta la zona problema, a diferencia de otras cremas”. ¿En qué quedamos, entonces?

Siguiendo, señores de Perfect Lash, por favor, si quieren que les creamos que las fotos del “después” realmente fueron tomadas 8 semanas tras iniciar el tratamiento y no tras 15 minutos de aplicación de pestañas postizas, al menos cuiden que las modelos no usen exactamente el mismo maquillaje en ambos planos, caray.

Lo que también enfada acerca de estos infomerciales es que ni siquiera se esfuerzan un poco, están terriblemente mal hechos y no ponen ni un poco de cuidado en que las cosas se vean creíbles (o en que los testimonios se vean creíbles), lo cual hace aún más patético el hecho de que tanta gente caiga en sus garras.

Ah, y por supuesto, la efectividad de dichos productos siempre está “científicamente comprobada” y como prueba está la inexorable toma de los científicos trabajando en el laboratorio (con protección ocular pero sin guantes, faltaba más), donde podemos constatar que no existe actividad más científica que levantar un matraz lleno de líquido de color para observarlo a contraluz con expresión pensativa.

¿Sabían que en USA, la FDA multó a Danone por 45 millones de dólares, por anunciar en las etiquetas de su productos que los beneficios de regulación de la digestión y estimulación del sistema inmunológicos de Activia estaban “clínica y científicamente comprobados” (cuando Danone en sí no realizó ninguna prueba al respecto)? ¿Que Genomma LAB tuvo que retirarse de España al no cumplir las regulaciones sanitarias y al verse obligado a diluir sus pesadas campañas de publicidad engañosa? Pero claro, esto no pasa en México, el país del eterno saqueo, donde todos somos ciegos y sordos y dicho sea de paso, con memoria de pez.

5.8.10

Empezando con el pie izquierdo...

Hola de nuevo, ¿cómo ven? Nuevo blog y ya volviendo a mis antiguos hábitos de dejarlo botado por tiempo indefinido. Pero no, señores, oh, no. Esta vez va en serio.

Lo que pasa es que me fui de vacaciones, las más largas de mi vida reciente (recuerden que soy una explotada estudiante de posgrado): tres semanas en julio, y antes de eso los preparativos, planeación (porque, claro, yo soy una de esas personas que tienen que planear tooooodo o se les destruye el universo) y tratar de sacar adelante el trabajo de fin de semestre. Puaf. Pero he vuelto.

Ya tengo por allí dos o tres escritos preparados, en unos días los publicaré. Gracias a los que han comentado hasta el momento, de verdad me encanta leer sus aportaciones, gracias por venir, ¡vuelva prontossss!

Saludos,
Dámaris

2.7.10

Hazañas de borrachos

Es aquel ineludible momento de las fiestas donde los concurrentes se dan a la tarea de relatar historias de borrachos, ya sean propias o ajenas. Sí, a todos se nos han pasado las copas al menos una vez, y todos tenemos alguna historia que merece contarse para deleitar a los concurrentes con nuestra estupidez.

Sin embargo, casi imperceptiblemente, la plática que comenzó como un “ji ji ji, aaaah, qué cosas tan graciosas e inesperadas pasan cuando uno está ebrio”, se convierte en un extraño concurso de “a ver quién ha sido más alcohólico/drogadicto” en su vida. Cuando las cosas llegan a este punto, los involucrados se arrebatan el turno para relatar sus más destructivas y extremas historias, relatando emocionados sus grandes hazañas: “… y me desperté en una casa que no era mía y rodeado de gente que no conocía y sin saber qué había pasado”, “No, pues yo vomité sangre”, “A mí me tuvieron que lavar el estómago”, etc. haciendo con ello todo un recorrido de lo remotamente gracioso a lo llanamente patético. Al parecer, ganas puntos extra si tu primera borrachera hasta vomitar y perder la conciencia fue antes de los 13-14 años, y eres el epítome de lo cool si ya te drogabas con tus amiguitos de la secundaria. El otro día, incluso, una backstabbing bitch -perdón, seudoamiga- repitió en menos de 10 minutos de plática, casi con orgullo, que a ella la tuvo que ir a buscar la policía tres veces porque, cuando era una puberta locochona, se salía a borrachear y sus padres se desesperaban porque no sabían dónde estaba; y que, extendiendo ese comportamiento, “logró educarlos (a sus padres) para que la dejaran hacer lo que quisiera”. Dios.

Honestamente, no sé qué clase de reacción esperan en respuesta a dichos comentarios, pues los exponen con una emoción tal, como si fuera algo a qué aspirar. Tal vez esperan que sus oyentes piensen algo como “aaah, mira a este tipo, cuánto ha vivido, cuántas experiencias”, y no dudo que alguno lo haga. En mi caso, dichos comentarios, lejos de admiración, causan una cierta sensación de estar hablando con alguien cuya experiencia de vida parece ser inversamente proporcional a su madurez, o algún quinceañero imprudente que aún cree que lo más cool del universo es emborracharse hasta perder la conciencia tres veces por semana y robarse el carro del papá para dar una vuelta con sus amigos tetos. Descendiendo de mi precario pedestal de superioridad moral, puedo simplemente decir que esas no son precisamente el tipo de experiencias que me sentiría orgullosa de relatar, ni mucho menos aquellas que añoro tener.

Algunas personas tienen sindrome de Peter Pan (ya saben, aquello de no querer crecer ni madurar, y se aferran a comportamientos infantiloides que definitivamente no van con su edad), o incluso llegan a ser adultescentes (siguen comportándose como quiceañeros aún cuando ya tienen 25, 30 o más años). Sin embargo, creo que yo definitivamente padezco de síndrome de Desenfriolito: sí, aquella medicina para niños que anunciaban más o menos así: "Desenfriolito, porque ellos son como un adulto chiquito". Y creo que describe muy bien mi situación y la de muchas otras personas: desde chica fui muy crítica y reflexiva (demasiado, diría yo), muy poco crédula y bastante realista, rayando en el franco pesimismo.

Desde muy temprana edad, me volví una ñiña bastante aburrida: siempre pensando dos veces, y midiendo las posibles consecuencias de mis acciones. Cosas que a otros les parecían alocadas y audaces, a mí me parecían simplemente estúpidas o innecesarias, y nunca me volví rebelde sin causa, ni me hice cortes en las muñecas, ni me fui de mi casa, ni hice ninguna de esas cosas que la mayoría de los adolescentes estereotípicos suelen hacer. A lo largo de mi vida, muchas, muchas veces me han hecho el comentario de que soy una persona muy madura/sensata/centrada para mi edad. Incluso ahora que tengo casi 25 años. Alguien a quien estimo mucho, incluso me dijo que soy sabia, lo cual es el más grande halago que alguien me ha hecho, sin embargo en el fondo siento que sería totalmente artificial e inmerecido atribuirme semejante calificativo. Ya bastante pomposo es el sólo hecho de mencionarlo.

En fin, no voy a negar que también haya cometido mi cuota de locuras, de las cuales afortunadamente logré aprender algo que me ayudó, a su vez, a seguir avanzando y a no tropezar dos veces con la misma piedra. Digamos que en su vasta mayoría, mis locuras y excentricidades son más bien inofensivas (“locurillas pop” como cierto personaje deplorable las llamó alguna vez).

Ah, y antes de que se me olvide, el disclaimer: la intención de mi comentario no es hacer una apología del estilo "ah, pero qué madura y sabia soy". No, aún me falta mucho para poder jactarme de tal cosa. Es una simple reflexión sobre mi forma de ser y de actuar, que quise compartir con ustedes.

Bueno, ciao...

10.6.10

¿Hay alguien que esté dispuesto a leer esto?

Fue lo primero que pensé al terminar este post. En fin, el tiempo lo dirá, si no, por lo menos me sirve de catarsis.

Cuando una buena parte de tu situación apesta, y por más que buscas y buscas no encuentras una solución evidente y duradera a tus problemas, necesitas escapar. Para mí, una buena forma de escapar es escribir. Bueno, eso, y resguardarme en mi mundo de fantasía viendo blogs de moda, o dedicar unos 10-15 minutos extra en mi rutina diaria para adornar mis ojos con extravagante maquillaje con chispitas de colores. Pero no quiero que el ambiente de este blog se torne totalmente palacio tan pronto, así que volvamos a lo primero.

¿Nunca les ha sucedido? Apuesto a que sí:

Tienes un hobbie, una actividad que disfrutas enormemente. Y mejor aún, es una actividad en la cual eres bueno (o, al menos, no apestas tanto; o al menos te gusta engañarte pensando que tienes talento para ello). Sin embargo, por alguna razón que no terminas de comprender, lenta y gradualmente vas abandonando esa actividad, muchas veces sustituyéndola por otras mucho menos disfrutables (perdón por inventar palabras), hasta que un día, mientras ves por duodécima ocasión el anuncio de Stepgym (sí, el de los tenis chuecos), un súbito resplandor de lucidez entra a tu mente, y te preguntas ¿por qué diablos lo dejé?

Así sucedió, en mi caso, con dos de mis más enriquecedoras ocupaciones: escribir, y diseñar y confeccionar ropa. Me encanta hacerlo, y ambas son actividades que me llenan, y, sin embargo, no me he ocupado en ellas (al menos no como debería) desde hace más de un año. ¿Por qué rayos pasa esto? ¿Es que acaso nos volvemos flojos, o simplemente perdemos el interés y la motivación para hacerlo?

Pues no más. Necesito escribir, aunque sean tonterías o banalidades, simplemente necesito llevar a cabo el ejercicio de plasmar lo que pienso y siento, sacar las cosas de mi pecho y, por qué no, de paso interactuar con gente inteligente, curiosa o graciosa (o todas las anteriores) en el proceso. Así que ahí les va el blog.

Por cierto, ¿cómo ven esto?

http://www.jornada.unam.mx/2010/06/06/index.php?section=politica&article=008n2pol&partner=rss

Eso es tener sus prioridades en orden, caray. Y justamente estaba burlándome muy a gusto, cuando chequé mi correo y me encontré con que en el instituto de investigación donde trabajo, uno de los más grandes e importantes del país, la unidad de cómputo se encuentra concentrada en la tarea de usar todos sus recursos para poder transmitir en vivo los partidos por medio de la red del instituto. Así mismo, en el auditorio principal (que ha albergado las pláticas de personalidades como Ada Yonath, ganadora del Nobel de Química de este año) el partido de México vs Sudáfrica será proyectado en la pantallota, se echará mano del equipo de audio y se recorrerán las evaluaciones orales de fin de curso al término del juego, porque, claro, interferían con el partido. Aaaah, ironías de la vida. Es material como para un capítulo de South Park.

De todas formas yo no soy de esos amargueitors que se toman todo demasiado en serio (¡ja! ¿autoengaño?) y que creen que el país se va a hundir por el hecho de que veamos los partidos de la selección, y que se nos va a embotar la mente y vamos a perder 10 puntos de IQ por cada 15 minutos de juego que veamos, convirtiéndonos en zombies futboleros de manera irreversible. No. Les tengo noticias a dichos amargueitors: pecan de lo mismo que critican. Todo este asunto es divertido e inofensivo, siempre y cuando se mantenga en la justa proporción y se le vea como lo que es: un juego de futbol. Ya. No hay necesidad de inflar todo ad absurdum, en ninguna dirección.

Hablando de, mis cuates y yo estábamos muy emocionados planeando abastecernos con cerveza, nachos y demás botanas adecuadas (sándwiches no, por favor) para disfrutar del juego el viernes, hasta que caímos en la cuenta de que estaríamos cheleando y desayunando nachos y hot nuts a las 8 de la mañana. De alguna forma, no se siente natural, creo que me faltan varios grados de decadencia para llegar a eso.

El próximo será un post en forma, lo prometo. :)


Saludos,

Dámaris


17.4.10

Por algo se empieza...

Una vez más, la inquietud por escribir me ha hecho volver por estos lares...

¿Que por qué no simplemente continúo con mi blog anterior? Para mí, la razón es simple, citando a Jakob Dylan: "Man I ain't changed, but I know I ain't the same". Carpe Diem fue el lugar donde vertí mis opiniones de adolescente (bueno, y algunas más de mis primeros veinti-tantos), sin embargo muchas veces, al releer mis escritos, no puedo evitar sentir que estoy leyendo a una especie de Lisa Simpson de 19 años: con el mismo idealismo desenfrenado, rabietas impregnadas de indignación ante la "gente estúpida o ignorante" y espíritu de predicador. Si bien mantengo muchos de los puntos de vista y opiniones que expreso ahí, otros han cambiado o se han enriquecido con mi experiencia personal. Es por eso que decidí comenzar de nuevo.

¿Qué pueden esperar encontrar aquí, próximamente? De todo un poco: reflexiones personales, comentarios sobre temas de actualidad, reseñas de eventos, recomendaciones, Rock 'n Roll, tips (oh, sí, tengo algunos - aunque usted no lo crea)y en general cosas que creo que valga la pena compartir, a veces grandes dosis de flagrante estupidez, y tal vez también cosas emo que simplemente necesite sacar de mi pecho independientemente de que alguien lo lea o no. Para que no digan que no les advertí...


Saludos a todos,


Dámaris


P.D.
Sé que el diseño está todo chafa-genérico y austero, ténganme paciencia, en lo que recobro mis superpoderes internéticos (eso considerando que alguna vez los tuve).